En contra de la nueva Ley de Memoria Histórica

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No debemos permitir esta tropelía.

Antes de que se apruebe y entre en vigor la tropelía que supone la nueva Ley de Memoria Histórica, que PSOE, Cs y Podemos pretenden sacar adelante, debemos infectar las redes sociales con toda la fuerza que da la razón y demostrar a estos politicastros que legislan que la historia no se puede cambiar por mucho que se esconda y se prohíba. Que pasará el tiempo y ellos se quedarán con la ignominia, mientras a otros los acogerá la historia por su grandeza.

Transcurridos 80 años de aquella guerra fratricida, que la izquierda no quiso evitar, todavía queda en las venas de muchos botarates, cuyos padres vivieron al amparo del anterior Régimen, restos de sangre contaminada por la venganza. Porque no tiene explicación que jovenzuelos que han vivido, y muy bien, a costa de las rentas de sus progenitores, se preocupen ahora en abrir heridas que hace tiempo habían cicatrizado. Cuesta entenderlo, salvo que su cabeza se vea afectada por la maldad que produce la ignorancia.

Más bien deberían preguntarse por qué sus progenitores, en su inmensa mayoría, aplaudían con fervor los discursos del que ahora llaman “genocida”. Y aquellos que dicen que los suyos no formaban parte de esa mayoría, peor, porque lo callaban cobardemente. Convendría recordarles, y a muchos enseñarles, lo que realmente pasó. Y lo que pasó fue que el General murió en la cama. Como bien nos decía un antiguo maestro: “No hay peor cosa que ser tonto y además malo”.

Porque no tiene explicación que jovenzuelos que han vivido, y muy bien, a costa de las rentas de sus progenitores, se preocupen ahora en abrir heridas que hace tiempo habían cicatrizado.

En el fondo a toda esta caterva de inútiles parásitos lo que les va es aquello que censuran, que no es otra cosa que impedir la libertad, censurar y prohibir. En lo hondo de su corazón añoran la dictadura, la dura. Mucho más que aquella que sus padres aplaudían hasta con las orejas. Lo malo es que no dan la talla. El espejo en el que se miran está roto, se rompió hace décadas y sólo les quedan recuerdos trasnochados de lo que pudo haber sido y no fue.

Padecemos una especie de “efebocracia” que reúne lo malo de la pubertad y lo peor de la democracia. Los inanes de una generación desigualmente formada, con más ristras que seso, son los encargados de llevar las riendas del país. Pero no nos engañemos, estos políticos son el fiel reflejo de nuestra sociedad. Una sociedad que nosotros, los mayores, hemos construido. Luego, sólo nosotros somos los responsables y sólo nosotros podemos remediarlo.

Tengámoslo claro ahora y hagamos que esta perversa ley se quede en el tintero, entre otras cosas para que escritos como este vean la luz. ¡Compartelo!

Leo

Leo

Escribo porque me gusta, simplemente eso.

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